El manual del perfecto sinverguenza

Artículos de Arturo Pérez-Reverte Manual de la perfecta zorra I

Además, después de hora y media de karate me sentía por encima de las pasiones humanas o, mejor dicho, por debajo de los mínimos exibles para cualquier hazaña. ¿Por qué, por ejemplo, las personas que quieren lo mismo, y lo saben, en lugar de manifestarlo a las claras, se ponen a hablar del tiempo? Quince minutos después se me acercó Felipe: había constatado -o lo que él hiciera creyendo que constataba- que las cosas no iban bien.

Manual del Perfecto Sinvergüenza

Nos estábamos en la barra, rodeados de cerveza casi por todas partes, cuando llegaron dos inglesitas, jovencísimas aunque perfectamente terminadas para la dura competencia de la especie. Habían pegado la hebra, pero más allá no sabían ir.

Nada Importa <em>Manual</em> <em>del</em> <em>perfecto</em> y falso experto en vino.

HOTEL TELÉGRAFO Arroyito bandolero sentimental

Aceptablemente apaleados, decidimos llegar hasta una playa cercana a procurarnos cualquier anestésico en vaso para combatir los dolores físicos y morales y, de paso, disfrutar del clima, de la flora y de la fauna. Gracias a la distancia -y, quizá, a la cerveza que seguía rodeándome observé que las extranjeras estaban repletas hasta los bordes de los mismos pensamientos que mis amos: cuatro personas, como aquel que dice, pero una sola idea: ¿Cómo hacer para tener una aventurita?

Muxoyuyo ¿COMO SER UN SINVERGÜENZA? Manual del lón

Yo era entonces -y aún se mantiene la circunstancia- el mayor de los tres y, por lo tanto, el experto. Como yo, gracias al karate, había dejado atrás toda humana ambición, concluí mis observaciones con una sonrisa de suficiencia y me puse a pensar en algunos graves misterios de la vida.


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